Aunque todo vaya bien,
no puedo escapar de mi naturaleza.
Mi oficio es la tristeza,
y otra vez llevo días haciendo
horas extras, sin descanso,
sentado en mi cubículo,
haciendo siluetas entre el humo,
escribiendo extensos informes,
análisis psicológicos; investigaciones de campo,
sin ideas aún,
de posibles conclusiones.
Quizá no exista un pasado al cual pedir explicaciones,
ni un presente el cual deba presentar ciertas características
para lograr el objetivo de mi auto-investigación.
Tan solo basta quizá, con mirarse en la noche
e invitar a los demonios
a que hagan su fiesta,
a que rindan cuentas sobre el recuerdo,
a que acuchillen lo que tenga que sangrar,
a que maten lo que tengan que matar.
Hoy invito al dolor a hacerme compañía
pues mi oficio es la tristeza,
y como tal,
debo aceptar su tardía bienvenida,
hasta que mi inconsciente asome sus garabatos en un papel,
y se develen las interrogantes que sigo
buscando entre mis propios escombros.
No pretendo ser su sacrificio,
por el contrario,
espero utilizarlos para mi propio bien,
atento a que no me extingan en el minuto mas oscuro,
atento a que no me encarcelen otra vez, tras sus dientes de maldad tan necesaria a veces.
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