jueves, 19 de enero de 2023

Poner la otra mejilla, 
costumbre mal aprendida
que siempre termina mal, 
cuando estoy cansado
de rechinar los dientes,
de ocultar la cólera, 
y demostrar tranquilidad
mientras atravieso
mares tempestuosos 
tras mis pensamientos.
Nunca supe decirlo en el momento justo
pues siempre aprendí a callar
y a evitar el conflicto, 
por el temor a que se derrumbe
la pasiva estabilidad, 
por temor a disparar, 
y a salpicar esquirlas 
a seres queridos y no tan queridos. 
El silencio me sepulta, 
y mi margen es la añoranza de que pase y pase, 
hasta que
no recuerde
porque estaba molesto. 
Sin embargo queda, 
y para bien o para mal, 
hoy lo voy a soltar,
aunque tenga que herirte sin compasión,
aunque tenga que herirme sin razón. 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario