Siempre que entro a este mar
sumergido cual buzo,
me pregunto si podré salir
pues este dolor que me ahoga
no me deja nadar
y siento que está muy lejos
la superficie para alcanzarla.
Casi ya no puedo respirar
y cuento los segundos que me quedan
y parecen pocos en mi mente,
pero sé que equivalen a días, semanas enteras, a a años incluso
aguantando la presión hidrostática
y cayendo cada vez más profundo
cada vez más, profundo.
Estoy cansado de la agonía,
De los turistas disputando un trozo de playa
de los ilusos divirtiendose entre las olas
de las familias disfrutando el día domingo
de las parejas enrostrandome su esquiva felicidad.
Estoy sumergido otro invierno
acostumbrado a la inmersión,
pero sin saber volver al sol
sin saber evitar el mal de presión.