mi voz no es ni será un martillo estridente
pues todo lo que evoco
es solo el rastro de erosión
y no raices entramadas
que suscitan caminos
a lo reciente o lejano.
No suelo comprender más allá
pues me atasco en la rutina
y en mis propios laberintos
sin conducirme nunca
hacia una salida definitiva
más bien voy encontrando
ciertos lugares para descansar.
En mi torpeza de vivir
añoro lo indecible
entre cordilleras y valles
entre amaneceres y rios.
Al eco no responde nadie,
al eco, no responde nadie.
En el salvaje paisaje
escondido entre montañas de araucarias
y glaciares que cruzan bastos territorios
hablo y pienso solo
sobre cuestiones que indagan
mi proceder
mi sentido
ausente de toda actividad social
presente en soledad absoluta.
Dia a dia resisto la intemperie
sin cortaviento de montaña
sin suficientes dias de sol en mi ventana.
Me es fácil subir
pero me es temible regresar.
Valoro el instante de valor
cuando me enfrento a los rastros
de las continuas erupciones
que no paran de devastar
que se extienden densidades
entre profundos bosques inexplorados.
Si mi huella pudiese llegar
poseeria mi regreso
a quien no pude lograr ser
y sin embargo sigo
adentrandome cada vez más
hacia ese verde. matiz infalible.
A nadie le he podido contar quien yo soy
ni siquiera a mi mismo
me falta mucho aún
por leer ese libro
que me cansa tras dos párrafos
que me golpea tras unas pocas verdades
pero esta noche
antes de irme
quiero dejar otra oración
pues la esperanza no está escrita aún
y la invito
desde todo el dolor
a hacerse presente.
Sin motivo alguno para esto
encierro lo transcurrido
y lo guardo hasta mañana
esperando que pueda
germinar sin marchitarse
tras un intenso clima
tras una devoradora tormenta.
Nací de una vertiente amplia y soñadora
que deseo recuperar
y empaparme de lucidez.
No terminaré hasta llegar
no escaparé más
hasta conocerte.