viernes, 23 de febrero de 2024

 mi voz no es ni será un martillo estridente

pues todo lo que evoco

es solo el rastro de erosión

y no raices entramadas

que suscitan caminos

a lo reciente o lejano. 

No suelo comprender más allá

pues me atasco en la rutina

y en mis propios laberintos

sin conducirme nunca

hacia una salida definitiva

más bien voy encontrando

ciertos lugares para descansar. 

En mi torpeza de vivir

añoro lo indecible

entre cordilleras y valles

entre amaneceres y rios. 

Al eco no responde nadie,

al eco, no responde nadie. 

En el salvaje paisaje 

escondido entre montañas de araucarias

y glaciares que cruzan bastos territorios

hablo y pienso solo 

sobre cuestiones que indagan

mi proceder

mi sentido

ausente de toda actividad social

presente en soledad absoluta. 

Dia a dia resisto la intemperie

sin cortaviento de montaña

sin suficientes dias de sol en mi ventana.

Me es fácil subir

pero me es temible regresar. 

Valoro el instante de valor

cuando me enfrento a los rastros

de las continuas erupciones 

que no paran de devastar

que se extienden densidades

entre profundos bosques inexplorados. 

Si mi huella pudiese llegar

poseeria mi regreso

a quien no pude lograr ser

y sin embargo sigo

adentrandome cada vez más

hacia ese verde. matiz infalible.

A nadie le he podido contar quien yo soy

ni siquiera a mi mismo

me falta mucho aún

por leer ese libro

que me cansa tras dos párrafos

que me golpea tras unas pocas verdades

pero esta noche

antes de irme

quiero dejar otra oración 

pues la esperanza no está escrita aún

y la invito

desde todo el dolor

a hacerse presente. 

Sin motivo alguno para esto

encierro lo transcurrido

y lo guardo hasta mañana

esperando que pueda

germinar sin marchitarse

tras un intenso clima

tras una devoradora tormenta. 

Nací de una vertiente amplia y soñadora

que deseo recuperar

y empaparme de lucidez.

No terminaré hasta llegar

no escaparé más

hasta conocerte. 



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