Silencio repugnante de los hombres en la añoranza del encuentro, lloro sangre, desde la sabia de este arrayan. Entre el graznido y la penumbra, entre lo patagónico y lo desértico, sigo buscando. Bastan un par de pasos para perderme en la densidad de estos senderos que solo vuelven a mi. Visité paisajes donde las cumbres me hablan de otros tiempos, pero no del vivir. Mis sueños me hablan de posibilidades, mas amanece y me golpean. No hago caso a mi dolor ni a un lugar de espectros.
Que será de la mañana esperada
del techo de lluvia
del beso de despedida.
No necesito saberme
no necesito sentirme
ha sido extenso el camino
al cual no logro hacer cumbre
sin poder tocar
y descansar
sigo mirando
y no lo encuentro.
Tras los secuestros del silencio
tras los secuestros de la rabia.
Desde otro stiempos he venido a caer en cuenta de mi cansancio, de mi grito de desesperación, de mis deseos y gesticulaciones incidentales. No me sirve quedarme esperando a nadie, mi anhelo siempre es regresar.
Mi incumbrencia es más temporal, aquí y más allá. Saltando troncos torcidos y remas que estrechan caminos
He venido a caer en cuenta
de mi profundo dolor.
Deseo dejar el deseo
Deseo olvidar
mi continua espera
pues ya no sigo con las mismas ganas con las que comencé, es tiempo de abandonarse.
La vertiente olvidada
seguirá decantando
perdiendose en bosques insondables donde no tengo permitido entrar pues no los deseo transitar.
Basta ya,
es suficiente.
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