Te saqué de mi vida y no te lo dije,
perdón, prefiero irme sin hacer tanto ruido.
Sigo siendo el niño retraído de la sala,
que de frío remordimiento, cuidado,
puede borrarte la cara en un segundo.
Me es tan fácil irme,
y no me quedo mucho tiempo,
de donde ya todo se marchitó.
No confundas mi pasividad con cercanía,
pues no me gusta reparar las cosas,
cuando me han roto sin saberlo.
No me pidas explicaciones pues
no sé conjugar la rabia y la ira,
nunca aprendí a expresar lo abstracto.
Permíteme señalarte lo evidente,
Hay una diferencia sustancial entre nosotros
y es que una vez que mi orgullo se ve herido,
nunca más vuelve a aparecer
la mirada
que nos hacia algo más,
que simples desconocidos.
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