Nunca seré el chico del gimnasio
ni el alma de la fiesta
ni el alma creativa, compuesta.
Nunca seré de ir a discos
ni de amistarme con desconocidos
ni de desconocerme de conocidos.
Nunca seré el que olvida fácilmente
y pasa página una y otra vez sin releer para tratar de entender,
el que no sabe no pensar
el que sabe razonar, hacia un calor más cálido,
el que dispara, sin herir.
Nunca seré el que reclama y lucha abiertamente
el que se decide a ir por un camino a la vez
sin mirar hacia atrás, sin ir marcha atrás.
No seré el al que sobrepiensan
al que aman
al que necesitan.
No seré el que pueda prometer algo
ni el que tendrán para siempre en su vida.
Nunca seré el del pelolargo
ni el de la trenza
ni el del mohicano
ni el del presente en actitud panki.
Nunca seré el divertido
ni el ocioso
ni el productivo.
Nunca seré quien esté libre de su infancia
de mis traumas ni de mis errores,
nunca seré quien escape, con suerte,
del trabajo asalariado.
Nunca seré el hombre de dios que esperaba mi padre
ni el adulto feliz que esperaba mi madre,
demasiada agua bajo el puente para sus expectativas.
Nunca seré el alma viajera eternamente
ni el ermitaño de los libros
ni el malabarista asiduo a su labor.
No seré el hombre atento, cariñoso ni hablador,
pues soy silencio mas que cualquier otra cosa.
No seré ni el tipo de ciudad
ni el tipo de campo
no seré de mares ni de playas,
siempre he preferido los bosques y los ríos.
Nunca seré quien venza la inseguridad
ni quien te haga reír hasta hacerte llorar.
Nunca seré quien esté libre de sí mismo,
nunca seré, realmente, quien pude llegar a ser.
No seré ni más ni menos, y lo acepto hoy,
mordiendome los labios,
tragandome la furia.
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