Cargué un hogar temporal en mi espalda, sin rumbo fijo
pise lugares y calles que descubrí por casualidad
por instante y por instinto,
uní mi camino a momentos -o quizá no- con diversxs seres errantes,
numerosos periplos de pupilas sin ironía
ante tanta certera belleza,
bosques donde fui solo
un perplejo visitante ocasional,
ante la visión de vida en la hora perfecta,
sentires tristes por despedidas en la ruta
sentires alegres por nuevos encuentros viajeros
nuevas experiencias hora tras hora día tras día
que me conectan y me recuerdan lo esencial,
escucharlxs, escucharme, abrirse, repararse,
olvidarse, olvidarse y olvidarse, recomenzar.
Vacié mis municiones
mis reparos temporales
mi inaudita percepción de los hechos más allá del daño
y caminé sin pensar que
tras esa faldosa cordillera
no me esperaba nada más que aire.
Y es que todo tiene un lugar
y al fin lo comprendo,
todo tiene un lugar,
un lugar donde permanecer
un lugar donde aguardar
un lugar donde coser
un lugar donde estirar
un lugar donde palmar.
Y es que nunca esperé encontrarlo aquí
tan cerca mío
tan mío
tan yo,
y es que no pensé que
hacia donde debía mirar
al voltear los ojos
era ese lugar
y lo tengo justo aquí
como el lugar,
donde todo puede
volver a comenzar.
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