Llena las hojas hasta el cansancio. Vuelan imágenes y rostros en mi cibernética pantalla. Mi muda boca no puede articular un no por respuesta, me encanta la tentación de arrojarme al vacío, de saltar al rocoso mar, esperando nadar hacia la superficie, o bien, romperme la cabeza en un segundo. No puedo escribir coherentemente, tomo el lápiz y aparecen ideas que intento expresar y que no logro articular. Tengo un caos tras mi almohada, tengo un canto por la mañana y un llanto por la noche, la ausencia de un gato, una sombra ingrata, un orgullo estupefacto, un dolor sin honor, un fervor insufrible, un querer vivir, nuevamente. Reescribir sobre las hojas no ayuda, solo se presta pa confusión.
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