No es así
no aguardo una caricia por la mañana
ni un abrazo por las tardes
ni un silencio
tras las ventanas.
Espero al río correr
por cada parte de mi piel
congelándome por dentro.
Este fuego prendido
desde la mitad de mi vida
contiene la investigación
que intento resolver cada atardecer.
Se levantan las verdades
por la vertiente de los oidos
por los fojalles del silencio.
Mis vocales no pueden pronunciar
en tales términos,
se impacientan
ante el estrés y la congoja.
Tras aquella cortina
te espera siempre
lo que olvidaste.
Cada cerro que subí
y pisé y respeté
fueron los caminos
para llegar
hasta el punto de no-retorno.
O me espera la cumbre,
o me espera el regreso.
Este único camino
que llevo subiendo
años en mi andar
requiere ser alcanzado.
Entre el antiguo silencio
junto a los que quiero
pondré fin
a esta obsesión viajera.
Me arrodillo ante mi destino
y regreso como aquel
que nunca
debí olvidar,
que siempre debí ser.
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