Escribir estoy solo es estar solo o solo es escribir estoy solo. Pasear al amparo de mi aparato emocional es es lanzarse a cada luciérnaga nocturna que huye picada por mosquitos y zancudos. Los recursos secos de la lingüística no aflojan la mandíbula mental fétida a tabaco. Los sueños incongruencias desgraciadas representativas y azules de no sé que del inconsciente. Pensar, metapensar y pensar de nuevo sin dirección es desperdiciar energía vital, el consenso pasajero de hoy. Moldearse es parte de pertenecer o alienarse. Escribir me sabe a nostalgia o a empecinamiento brutal. Dicotomizar sin subir ninguna de las pampas oscuras y llanas bajo la noche es no querer ser nada. Ni chicha ni limoná. La comodidad de la indecisión. Las flores del chamico bajo mi almohada no surten efecto aún en mi incoherencia global y local. Mi semántica es la del miedo. Miedo de niño.
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